3. Hoy fui solo a la pileta y no fue como siempre. Fue aburrido y feo. Me sentí mal o mejor dicho no sentí nada. Javi, no se por qué, no quiso ir hoy y durante todo el día me pregunté cómo puede no querer ir, ¡Sí la pasamos tan bien juntos!
A veces no entiendo su forma de pensar; no entiendo nada de nada dentro de su cabeza. Ésta es la primera vez en la vida que Javi me deja solo. La primera vez en la vida que tuve que pagar la entrada para entrar al poli. Solo no iba a colarme, caer en cana solo debe ser algo horrible.
Pasé por el parque y no había nadie, así que no paré. Mejor. Cuando entré al vestuario me sentí como en un cementerio; por lo general el silencio no me incomoda pero esta vez era mucho. Así que me puse el short sin mirar a nadie, salí y me tire de cabeza en lo mas hondo.
Lo primero que sentí fue como si me tiraran acido en los ojos, mis antiparras están en la mochila de javi (tampoco se bien por qué).
Del lado izquierdo, como siempre, nadé primero hasta lo más bajito e intenté prestarle atención al ruido de los autos cuando pasan sobre la pileta en la autopista, que también hace de techo. Es algo que hago siempre que voy por el simple hecho que me gusta, lo disfruto. Me gusta mirar el techo mientras siento como vibra un poco el edificio y a nadie le importa, pero es como si un monstruo gigante nos atacara, como podría pasar en Japón, o en algún lugar así.
Los autos a toda velocidad tampoco fueron lo mismo hoy y no me ayudaron en nada. Hice diez largos sin parar, apurado y con los ojos ardiéndome. Al noveno no aguanté más y me volví corriendo a casa a jugar al Katamari.