lunes, 2 de julio de 2007

El parque

6. Estuve enfermo durante los últimos tres meses.
Ayer salí a la calle solo y, por primera vez en todo este tiempo, no me sentí mareado ni tuve fiebre.
No es nada lindo estar enfermo, aunque a mi antes me parecía que si. Muchas veces en estos días me puse a pensar si lo que paso no seria un castigo por las veces que pedí enfermarme para poder faltar al colegio. Todavía no lo se, pero se que lo que pasó no fue nada, nada lindo.
Estuve, bajo observación, internado durante una noche en el hospital. Justo la misma noche en que se incendio el geriátrico, y como no había suficientes camas compartí la habitación con mas de quince viejos quemados. Pegando gritos de dolor en medio de la noche, queriendo ser atendidos por alguien. Pienso que el infierno para mi seria algo así como esa noche pero repetida eternamente. Eso yo ya lo sabia de antes y por eso, por nada del mundo, quería que me internaran.
A lo dos meses de caer en cama no podía ni mantenerme parado, no dejaba de transpirar y nunca tenia hambre. Me vio una doctora y me diagnostico cáncer.
Unas noches después fui al hospital para que me dieran un calmante, pero me vieron tan mal que me terminaron operando de urgencia. Para poder sacar una muestra de mis tejidos y saber que era lo que tenia, me hicieron un tajo en el cuello y me dieron cuatro puntos como si fuera un muñeco.
El resultado de los análisis tardó como 30 días, o más, y durante todo ese tiempo tuve la sensación de no tener peso o tener el de la hoja de un árbol. Cuando por fin estuvieron los resultados al final no era cáncer ni nada parecido. Pero mi cabeza ya andaba por cualquier lugar y mi panza llena de remedios para prevenir el cáncer que no tuve.
Más adelante, ya con el diagnóstico correcto, podía salir a la calle y me aconsejaban que lo hiciera pero yo no quería. Si salía era para encontrarme en el parque con Javi y lo hacia casi sin ganas. Con una campera adidas cerrada hasta arriba (en verano) y la gorrita lo mas abajo posible. Mucha gente pensaba que tenia un aspecto raro y algunos hasta me lo dijeron. Quizás los asustaba mi presencia, que era bastante triste, como un recordatorio vivo sobre algunas cosas en las que uno intenta no pensar demasiado. O algo así.
Tres veces a la semana Javi me llevaba y me traía del hospital en su bici, porque de los pinchazos que me daban no podía caminar. Pateaba con la otra pierna si pasaba una pelota por al lado y para poder sentarme cruzaba las piernas como lo hacen las chicas.
Javi decía que no era nada y hacia como si nada pasara. Me insistía para que fuéramos a algún lado, pero sobre la pileta no hacía comentario alguno. Si hay algo que javi sabe hacer perfectamente es callarse la boca. Tampoco quiso ver, ni una sola vez, la cicatriz que me quedo de la operación.
Un día me trajo un regalo, lo trajo sin envolver como si de esa manera fuera menos regalo, y me lo tiro en la cama. Era una navaja suiza, de esas que traen de todo, hasta destapador y alicate. Yo de la fiebre que tenía pensaba que era un sueño.
Mi vieha estaba mas loca que nunca pero se hacia la tranquila. Casi me obligo a leer un libro de una religión vegetariana (q no nunca leí) y también empezó a ponerme hierbas raras en el té. El día que peor estuve me llevó a la cancha. Ella misma saco las entradas y todo, creo que sabia que si no iba me iba a poner peor mirando el partido por la tele. Todo el primer tiempo sufrí como loco, estaba completamente transpirado, con la camiseta y la campera totalmente pegadas al cuerpo. Todo era muy extraño, el tiempo, el estadio, la velocidad de las cosas, todo. Pero, como una persona toda transpirada y medio enferma no llama la atención en la cancha, me empecé a sentir más cómodo y mejor, y para cuando salimos ya me había olvidado de lo mal que me sentía antes. Fuimos a tomar algo a un bar y mi vieha se puso medio borracha con un vaso solo de cerveza sin alcohol. Pero fue porque me vio contento y creo que también ella estaba eufórica por el partido.
Esta vez no fue divertido faltar tanto a clases y termine perdiendo un año de estudios porque me quede libre de tanto estar en la cama o visitando médicos. Pero así y todo, muy de a poco, empecé a sentirme mejor.
Ahora, después de todo lo que paso, me siento mejor que nunca. Pero no como estaba antes de enfermarme sino mucho mejor que en toda mi vida hasta el momento.
Hace poco pude sacarme la campera adidas q me acompaño durante todo este tiempo y la escondí debajo del lavarropas para no tener que volver a verla. Esto me llama mucho la atención, porque no puedo volver a usarla pero tampoco me dan ganas de regalársela a alguien o tirarla. Creo que es porque durante un largo tiempo fue algo así como mi piel.
Me di cuenta de varias cosas en estos últimos tres meses. Me di cuenta, yo solo, que la palabra "paciente" viene de "paciencia". Y que hay tres palabras que voy a tratar de no decir más: "siempre"; "nunca" y "raro". Las dos primeras porque no puedo estar seguro de casi nada y "raro" no la digo porque es horrible.
El Tata dice a veces: "El mundo es un lugar extraño…" y yo ahora entiendo porque.
También se que nunca voy a decirle que no a Javi cuando me pida algo o me invite a algún lugar y que siempre, para mi, el va a ser como un hermano. Aunque esto último, yo ya lo venía pensando de antes.